Muchos Mundos y los Grados Iniciáticos

La interpretación de muchos mundos

En 1957, el físico Hugh Everett propuso una interpretación radicalmente nueva de la mecánica cuántica: la interpretación de muchos mundos. Según Everett, cuando se realiza una medición cuántica y la función de onda «debería» colapsar, en realidad no colapsa: el universo se divide en múltiples ramas, una por cada posible resultado de la medición. En una rama el electrón tiene espín arriba; en otra, espín abajo. Ambas ramas continúan existiendo y evolucionando, pero ya no pueden interactuar entre sí.

Esta interpretación elimina el misterioso «colapso de la función de onda» al precio de postular la existencia de infinitos universos paralelos. Los físicos que la apoyan argumentan que es la interpretación más simple de la mecánica cuántica, ya que no introduce ningún proceso adicional más allá de la ecuación de Schrödinger. Sus detractores señalan que postula una ontología enorme —infinitos universos— para evitar un problema filosófico.

Los grados iniciáticos como universos de sentido

La masonería está estructurada en grados: el aprendiz, el compañero, el maestro. En el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, existen 33 grados. Cada grado abre al iniciado a un «universo de sentido» diferente: un conjunto de símbolos, rituales y enseñanzas que constituyen una perspectiva completa sobre la realidad, incompatible con la perspectiva de los otros grados no porque sean contradictorias sino porque son complementarias.

Un masón en primer grado y el mismo masón en tercer grado son, simbólicamente, «personas diferentes»: han experimentado muertes y renacimientos sucesivos, han adquirido perspectivas irreversiblemente distintas. En este sentido, los grados masónicos son una secuencia de «muchos mundos» del yo: el mismo ser que se divide en estados de conciencia sucesivamente más amplios y ricos.

La interpretación de muchos mundos de Everett y los grados masónicos comparten una estructura profunda: ambos postulan una proliferación de realidades o perspectivas que no se anulan mutuamente, sino que coexisten, cada una completa en sí misma, pero separadas por una frontera que solo puede cruzarse en una dirección, la del crecimiento.

El espacio de Hilbert y el templo de los grados

En la formulación matemática de la mecánica cuántica, el espacio en el que viven los estados cuánticos se llama «espacio de Hilbert»: un espacio vectorial de dimensión potencialmente infinita. Cada estado cuántico posible del sistema es un vector en este espacio, y la superposición cuántica corresponde a la combinación lineal de vectores.

Lo que hace al espacio de Hilbert conceptualmente fascinante es su dimensión potencialmente infinita: hay infinitas perspectivas posibles sobre un sistema cuántico, infinitos «observables» o propiedades medibles, cada uno correspondiente a una dirección en el espacio de Hilbert. El universo cuántico, visto desde el espacio de Hilbert, es de una riqueza inagotable: siempre hay nuevos ángulos desde los que contemplarlo, nuevas propiedades que descubrir.

El «templo de los grados» masónico tiene la misma estructura: cada grado añade nuevas dimensiones de comprensión, nuevas perspectivas sobre los mismos símbolos que en grados anteriores parecían agotados. Un masón que relee los símbolos del primer grado desde la perspectiva del trigésimo los ve completamente renovados: no han cambiado, pero el «espacio de Hilbert» de su comprensión ha aumentado de dimensión.

MONCHO FERNANDEZ-PAREDES MESTRES 33º

DEL LIBRO: “EL GRAN ARQUITECTO DEL UNIVERSO”

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