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ENANTIODRÓMICO

La sincrónica necedad del arribista cuando acontece hace suspirar cual filosofía marchita. Las reuniones cansinas sin otro objetivo que la justificación de la mancha purpurea sin rostro. Que dolor más grande cuando el cansino auto bombo no puede hacer más.

Me dirigí al Maestro gato, mi gata Bruna, que ya sus tres partos habían tenido para preguntarle sobre tan horrenda visión. ¿Qué te parece?, le pregunté. Que quieres que me parezca sino un trombón de música apelmazada y unas ilusiones cansinas. Yo he tenido tres partos de muñeca y seis hermanos gatos he tenido de los cuales solo me viven cuatro. 

El homúnculo me observaba sin decir nada hasta que oyó un sonido de un coche. Que dices, acaso no sabes que están diciendo que no tienes ni idea que la caledonia de este sitio es una lechuga espigada. Tu sales corriendo y te cogen enseguida como el doppelganger cuando es película de segunda fila.

Bruna estaba recelosa de su progenie cuando me espeto si con mi enantiodromía crónica sería capaz de comprender porque lo hacen, al fin y al cabo, aparentemente no sacan nada de provecho. Me dijo, hace un mes y medio que no nos visitas, sin embargo, viajas a la velocidad de la luz dentro de un agujero de gusano.

Porqué me consideras enantiodrómico, le pregunté, y ella riéndose me dijo, acaso no sabes que tu manía por recorrer la vida al revés estas rompiendo todos los esquemas de la matrix.

Me quede de piedra cuando me dijo esto, eso me recordó que cuando un agente secreto te ata los cordones de los zapatos te esta diciendo que lo puedes liquidar. Eso me hizo reaccionar por si acaso mi sosias, el agente secreto, estaba escuchando o viendo la acción de mi homúnculo en una acto de lucidez y me enviaba ya al otro barrio. Pero no, tanto mi homúnculo como mi gata Bruna estaban ajenos a la pandemia que recorre a la matrix.

Me pregunté porque ellos no la padecen, en cambio yo si la podía padecer. Mi sosias me miro encandilado y me dijo que por mi culpa él también la padecía, y que si podía evitarlo.

Le dije que el día que nos puedan incrustar en el cerebro un idioma, una carrera o la cura de lo que sea no será necesario acudir a Bilderberg, cada uno de nosotros estará en Bilderberg.

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