PARADOJA ONTOLOGICA

—Bruna, dime algo. ¿Puede algo existir sin haber sido creado nunca?

La gata levantó lentamente la cabeza, como si esa pregunta fuera demasiado vieja para sorprenderla.

—Depende de cómo viaje el tiempo —respondió—. Si el tiempo es una línea, todo tiene un origen. Pero si el tiempo se curva… algunas cosas pueden quedar atrapadas en un círculo.

—¿Un círculo?

—Un bucle causal.

—Explícamelo.

La gata movió la cola con paciencia.

—Imagina que en el año 2100 encuentras un libro extraordinario. Contiene una teoría revolucionaria sobre el universo.

—Bien.

—Viajas al pasado con ese libro y se lo entregas a un joven científico.

—¿Y?

—Ese científico lo publica años después. Ese mismo libro termina en una biblioteca… donde tú lo encuentras en 2100.

—Entonces el libro siempre ha existido.

—Exacto.

—Pero alguien tuvo que escribirlo.

—Nadie lo escribió.

—Eso no puede ser.

La gata sonrió con esa expresión misteriosa que solo tienen los animales que parecen saber algo que los humanos no comprenden.

—Ese es el problema. El libro existe dentro de un bucle temporal cerrado. No tiene principio.

—Entonces el conocimiento aparece sin origen.

—Así es. A eso los físicos lo llaman paradoja ontológica.

—¿Y es posible realmente?

—Las ecuaciones de la relatividad permiten estructuras del espacio-tiempo donde podría ocurrir.

—¿Como el cilindro de Tipler?

—Exactamente.

—Pero entonces podríamos fabricar conocimiento infinito.

—No tan rápido.

—¿Por qué?

—Porque otro físico pensó en el problema.

—¿Quién?

—Stephen Hawking.

La gata cerró los ojos como si pronunciara un nombre antiguo.

—Hawking propuso algo llamado conjetura de protección cronológica.

—¿Qué significa?

—Que las leyes del universo podrían impedir que se formen bucles temporales estables.

—¿El universo protegiendo la causalidad?

—Exactamente.

—Entonces quizá el libro nunca podría existir.

—O quizá el universo permite algunos bucles muy pequeños —dijo la gata—, pero no máquinas del tiempo para civilizaciones curiosas.

—Bruna.

—Sí.

—Si un pensamiento viaja al pasado… ¿quién lo pensó primero?

La gata tardó un rato en responder.

—Tal vez —dijo finalmente— algunas ideas no nacen.

—¿Qué quieres decir?

—Tal vez simplemente circulan.

Y después volvió a dormirse como si aquella pregunta hubiera existido desde siempre.

MONCHO FERNANDEZ-PAREDES MESTRES

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